((publicado en la nueva revista “Encuentros de la Tercera Edad”))

Si durante uno de los días más calurosos del verano nos hubiésemos encontrado a un tipo vestido de bombero, con casco incluido, tomando el sol en la playa, habríamos pensado que aunque nada se lo impedía, era un poco de locos… Pues esto, nos lo encontramos en nuestro despacho de modo habitual. Desde temas personales hasta profesionales.

Así comienza el abogado Ramón Pérez Lucena a explicarnos en esta entrevista el trabajo que lleva a cabo junto al Asesor Julio Segura. Desde el despacho de estos dos profesionales llevan una labor muy importante para las residencias geriátricas: hacerlas más rentables. Aseguran que se puede y con hechos lo demuestran mes a mes con las residencias que pasan por sus manos.

¿Cuáles serían esos bomberos?

foto_0000006020131021112556Una residencia geriátrica es una actividad con riesgos, de responsabilidad. No es un simple carrito de helados, que también tiene sus riesgos. Pues, nos hemos encontrado matrimonios que llevan la gestión de una residencia de ancianos en régimen matrimonial de gananciales. Descubrimos sociedades civiles como forma jurídica para llevar el negocio, o sociedades limitadas con patrimonio familiar para la gestión empresarial, o excesos de personal contratado, y muy especialmente residencias geriátricas cuya construcción o su gestión no la llevan como Fundación.

¿Las residencias deben ser fundaciones?

La Constitución y la legislación española nos indican, como en todo el mundo occidental, que iniciar empresas para atender a la tercera edad, la enseñanza, actividades de carácter deportivo, investigación y desarrollo, sanidad… debe hacerse con la forma jurídica de la fundación, con todas sus ventajas, precisamente por la propia actividad a desarrollar. Actualmente poner en marcha una universidad o un colegio, un club deportivo, una clínica… sin el traje jurídico correspondiente, supone equivocarse. Se puede, pero… perdiendo oportunidades, pagando impuestos sin necesidad, y en definitiva no haciendo bien las cosas.

¿Y si esto es así como no se produce el cambio de gestión o de traje jurídico?

También es evidente que lo mejor para no hacer daño a la familia es hacer testamento, y muchos no lo hacen. O también es evidente que si aparcas en un paso de cebra te pueden multar, y siempre hay alguno (habitualmente los mismos) que aparcan ahí.

Pienso que como durante años el negocio iba bien, nadie se preocupaba de su traje jurídico. Estaban todo el día en la playa y daba igual como fueran. Ahora se empieza a pasar calor y o se busca una solución, o terminarán secos.

¿Y la mala imagen de las fundaciones?

De lo que aparece en prensa, habitualmente no me fío. Por ejemplo el tan conocido Instituto Noos en boca de todos como fundación es una sociedad limitada, no una fundación. Si ya esto, que es el titular, es falso… para qué seguir?