Hemos leído esta semana un buen artículo de Jaime Nubiola,No somos islas”, en el que analizaba las palabras pronunciadas por el fundador de Facebook Mark Zuckerberg con las que apuesta por la creación de comunidades en torno a temas vitales con el objetivo de actuar y atender las necesidades de cada comunidad.

Una herramienta tan potente como Facebook -y las redes sociales en general-, presente ya en la vida de más de dos mil millones de personas, puede servir para coordinar y poner en marcha acciones de interés general, que trasciendan el ámbito local, generando así grupos que puedan dar respuesta a los problemas que más nos acucian.

Dos cuestiones me llaman la atención de lo expuesto por Jaime en su texto. Por un lado, la necesidad de encontrar líderes que se pongan a la cabeza de estas iniciativas y que, con su ejemplo, tiempo y recursos sean capaces tanto de ponerla en marcha como de animar a los demás a que le acompañen para conseguir los objetivos marcados.

Además, destaca la necesidad de “Pensar globalmente y no actuar solo” como revisión del famoso “Think Globally, act locally. Actuar localmente sigue siendo imprescindible para conseguir un impacto global, pero ahora podemos generar comunidad en torno a nuestras actividades de un modo más rápido, así como difundir nuestra visión alrededor del mundo a través de internet y redes sociales, consiguiendo un impacto mucho mayor de lo esperado.

Pienso en esas comunidades ideales, centradas en temas de interés general, conducidas por líderes que invierten su tiempo, conocimientos, experiencia y recursos para ponerlas en marcha y que crecen por la actividad de quienes, cada vez en mayor número, constituyen el proyecto y las identifico con el trabajo de decenas de fundaciones con las que estamos trabajando.

Pienso en esas comunidades ideales y las identifico con el trabajo de decenas de fundaciones con las que estamos trabajando.

Las fundaciones aportan un patrimonio con el que llevar a cabo una labor de interés general y contribuyen a generar en torno a sí comunidades que contribuyen a completar esa labor. Dejemos de un lado por un momento las grandes fundaciones, y pensemos en individuos, profesionales en sus campos, que aportan sus conocimientos, su experiencia y su tiempo para dedicarlos a aquello en lo que son expertos y con lo que pueden ayudar a los demás: desde una orquesta de que fomenta el aprendizaje musical a niños que no pueden permitírselo, la gestión eficiente de una residencia de ancianos o la preservación de la iglesia de un pequeño pueblo de montaña, por poner tres ejemplos.

Esta es la labor de las fundaciones, figuras jurídicas que aportan experiencia, transparencia y eficiencia a la actividad de interés general que cualquier persona puede desarrollar, generando comunidad en torno a ella y actuando juntos localmente para tener un impacto global.

En la web del despacho tienes decenas de ejemplos de iniciativas así, convertidas en fundación. Si quieres que te ayudemos en tu caso, escríbenos al correo info@abogadodefundaciones.com o llámanos al teléfono 660 392 192 y te daremos respuesta inmediata.