Esta semana hemos estado hablando del estado de las residencias de mayores en nuestro país, de sus condiciones como entidad profesional y sobre el futuro que se les plantea a estos centros. Todo, hay que decirlo, desde el punto de vista personal de un abogado que se dedica a las fundaciones profesionalmente y que por esto intenta conocer algo más el sector de la atención de nuestros mayores.

Desde finales de los 80 y durante buena parte de los años 90, con la puesta en marcha del llamado estado del bienestar en nuestro país, comenzaron a funcionar una multitud de instituciones que tenían como objetivo el cuidado de nuestros mayores. La salud y el buen estar parecía que eran derechos constitucionales, en los hospitales hasta se ha exigido estar sanos, guapos y alegres. De un extremo a otro.

Compartiendo espacio con las instituciones públicas y las religiosas, surgieron nuevos modelos de negocio -privados, públicos de gestión concertada o no- que trataban de cubrir una necesidad de interés general. Así, surgieron pequeñas empresas familiares o delegaciones de grandes grupos sanitarios o de seguros que comenzaron a gestionar el cuidado geriátrico en España.

Parece lógico pensar que, tres décadas después de este “boom”, sus dueños, directores y gestores se encuentren en la encrucijada del cambio de generación en la gerencia de estos centros, como ya os contaba en la entrada anterior, y que surjan dudas sobre la supervivencia de muchas de estas empresas, en las que los hijos de los dueños puedan no estar interesados en continuar con el negocio familiar, o se planteen estrategias de absorción por parte de grandes grupos empresariales.

Además, en medio de este clima complicado, parece que las distintas legislaciones autonómicas van a complicar aún más si cabe este proceso de transmisión de las residencias de mayores: surgen rumores de que las plazas que la administración concertará en el futuro vendrán sólo adjudicadas a fundaciones -por interpretación discrecional de una directiva europea- y las trabas que cada vez más se sufre en los impuestos de sucesiones pueden llevar en muchos casos a las familias a situaciones desesperadas, incluso de cierre.

Las residencias de mayores se enfrentan a grandes reto en los próximos tiempos: nosotros te ayudamos a afrontarlos.

Por eso es importantísimo que entidades como las residencias de mayores cuenten con el mejor asesoramiento legal posible, y que en la medida de sus posibilidades busquen la figura jurídica que más les beneficie, tanto social como fiscalmente. Desde Abogado de Fundaciones pretendemos anticiparnos a cualquier problema real que pueda llegar, y por eso recomendamos a este tipo de centros que se constituyan en fundación: cumplirán en muchos casos con los requisitos de asignación de plazas concertadas y recibirán incentivos fiscales de los que de otra forma no disfrutarían. Y sobre todo, se vestirán con el traje jurídico apropiado pues en mi opinión llevar el traje de una sociedad limitada es casi increíble.

Si estás en una situación similar a la que relato en esta entrada, no dejes de ponerte en contacto conmigo o visita nuestra web abogadodefundaciones.com. Sabremos asesorarte y te acompañaremos para los trámites necesarios para que tu residencia de mayores pueda ser gestionada por una fundación y así tener acceso a todos los beneficios que ello conlleva, haciendo su gestión y administración más eficiente.