Con el título de “la filantropía como motor de colaboración global” el número de septiembre de Forbes dedica la portada y varios textos al hecho de que las fundaciones privadas están creciendo, desarrollando una labor que con frecuencia sustituye a la de los Estados.
Solo tenemos que mirar a nuestro lado para descubrir que mucho de lo que trabajan las fundaciones en la sociedad lo hacen porque el Estado, que debiera, no lo hace. Desde acoger a los que huyen de la guerra hasta la atención de los comedores sociales.
Y es un sector que crece, con mayor estabilidad pues cada vez más se financia de forma privada y la sociedad empieza a dejar de lado estructuras que se suponían tareas del estado, para dejarlo en manos privadas, desde la educación a la sanidad. También en situaciones donde priva la celeridad o en proyectos que duran en el tiempo y sobrepasa el sentir a corto plazo de los políticos. España es un claro ejemplo de actividad filantrópica: ocupamos el tercer puesto por recursos destinados (9.450 millones de euros) por detrás de EEUU y Alemania.
Como se destaca en uno de los artículos, la nueva generación de filantropos españoles “quieren acabar con el paternalismo, con la caridad por la caridad y con los vagos indicadores de éxito de los proyectos que viven sólo de las subvenciones. No ayudan por ayudar ni para agradar al funcionario. Lo hacen para cambiar el mundo o, al menos, intentarlo”.
Aconsejamos leer estos textos… Os los dejamos en pdf para su consulta.