La sensación de ser “mirados” por la banca como potenciales terroristas o blanqueadores de dinero, por la cantidad de pegas y requisitos que ponen, lo hemos leído muy bien expresado en la revista C48. Es la situación que cada vez más fundaciones nos están trasladando: Como es habitual, esto que comentamos solo pasa con las pequeñas y medianas fundaciones, la mayoría. Las “grandes” tienen otro trato. El texto es el que sigue:

La aventura sigue en una entidad bancaria, que esté cerrando oficinas en el barrio «por nuestro bien» y cambiando el diseño de las que quedan “para mejorar nuestra experiencia». El reto era resolver un problema con el acceso a la banca electrónica de Ias cuentas de mi madre, para hacer operaciones sin tener que perder horas de trabajo (algo que también habilité hace tiempo en previsión, naturalmente con su consentimiento, pero que, por alguna razón había dejado de funcionar). Entro en la oficina y veo una enorme cola de ancianos esperando su turno con mirada extraviada ante un mostrador donde una señorita les escuchaba y dirigía a la siguiente estación del vía crucis. Eso SI, en el mostrador podía verse un cartel con un expresivo «Hola». Tras esperar media hora, paso a la siguiente empleada que resolverá mi problema.

Lo primero que descubrimos es que el acceso se había desactivado por inactividad. ¡OIé! Espero que si no toco el dinero de mi cuenta no lo inactiven también. Para activarlo necesito una autorización. Yo, que soy un viejo zorro, Iba pertrechado con mis “poderes» y pretendía sorprenderla con un ”no hace falta, tengo esto» y una sonrisa de superioridad. Cuál será mi decepción ante su respuesta: Tiene que aprobarlo el departamento de ‘tocamiento de pelotas jurídico’. ¡Me tenían que aprobar la validez de un documento notarial!

¡Ah!, y también necesitaba un móvil para poder acceder a la banca digital (mi madre tiene 83 años y no tiene ni piensa tener un artilugio de esos). Y la culminación de sinsentidos llega cuando me dijeron que la congestión de la oficina se debía a que era un barrio «con mucha gente mayor». Algo que no sabían, claro, al decidir cerrar dos oficinas y mandar allí a los clientes.

A pesar de contar hasta trescientos, no pude contenerme, recité todo el santoral de la A a la Z y desempolvé todo mi repertorio de improperios, que es muy rico. Tal era mi frenesí reivindicativo que tuvo a bien acercarse la “gestora de la cuenta de mi madre», para “solucionarlo todo» y decirme que todo lo que molestaba lo había hecho por mi bien, para mejorar mi experiencia. En la salida había un tótem digital con dos caritas. Creo que pulsé la cara roja con tanta fuerza y tantas veces que la dejé bizca.

Hasta aquí el texto de la revista.

Si a esta situación de la banca, añadimos que los registros de fundaciones, en especial el nacional dependiente del ministerio de justicia que está tardando como norma MÁS DE SEIS MESES en aportar certificados de cambios de patronato, no es extraño que alguna fundación nos haya dicho que les han bloqueado la cuenta, que no les aprueban operaciones pendientes… pues como no se creen que un ministerio tarde tantísimo tiempo, dudan de todos.