Traigo al blog este artículo de la “revista de la Fundación Compromiso Empresarial” pues me parece interesante para hacer ver que hay modos para acabar con las políticas de subvenciones. Hemos de dejar que con el dinero de todos se haga lo que quieran los ciudadanos, no los dirigentes del momento.

En España seguimos pensando que el Estado debe resolvernos todos los problemas. Luego nos quejamos del enorme peso que tienen los políticos en la sociedad, pero la verdad es que nosotros mismos hemos alimentado a esas “fieras”.

No todas las organizaciones, sin embargo, comparten esta filosofía. La Fundación Bertelsmann viene empujando desde hace tiempo el concepto de fundaciones cívicas, todavía poco conocido en España pero con gran aceptación en otros países.

Una fundación cívica es una fundación privada, autónoma e independiente, constituida por ciudadanos para sus conciudadanos, con un objetivo fundacional más amplio (cultura, juventud, infancia, medio ambiente, etc.) que permite atender las necesidades presentes y futuras de la comunidad y fortalecerla. También fomenta proyectos que están animados por el compromiso cívico y explora nuevas formas de compromiso social, tomando para ello el liderazgo comunitario. En definitiva, da servicio a la comunidad.

Las fundaciones cívicas nacen en Estados Unidos en 1914. Actualmente existen casi 1.500 fundaciones cívicas extendidas por todo el planeta. Estados Unidos, con un 54% de ellas, y Alemania, con un 13%, son los países que lideran su implantación. Según datos de 2007 aportados por WINGS (Red mundial de expertos y organizaciones para el fortalecimiento de la filantropía), las fundaciones cívicas gestionaron a través de sus proyectos un total de 55.000 millones de dólares, de los cuales un 1,3%, 733 millones, correspondieron a iniciativas europeas.

El concepto de fundaciones cívicas es muy necesario en estos momentos de crisis económica, por eso la Fundación Bertelsmann no se limita solo a promover el concepto, sino que ayuda e impulsa la creación y el fortalecimiento de estas entidades, entre las que se cuentan la Fundació Tot Raval, en Barcelona, la Fundació Ciutat de Valls, en Tarragona, o la Fundación Maimona, en Badajoz. El trabajo que vienen desempeñando estas tres organizaciones, y otras integrantes de la Red de Fundaciones Cívicas de la Fundación Bertelsmann, es un ejemplo vivo de que, como repiten desde la fundación alemana, “no hay que esperar a que todo nos lo proporcionen las administraciones. La sociedad civil es un vehículo inmejorable para afrontar los altibajos económicos y sociales”. ¿Nos lo creeremos alguna vez?