Qué es una fundación

Se suele decir que una fundación es una organización que, por voluntad de sus creadores, tiene afectado un patrimonio a la realización de fines de interés general y sus beneficiarios son, según sus fines, colectivos genéricos de personas. Pero más bien podríamos definirla, como leemos en el preámbulo de la ley navarra de fundaciones, como la personificación de un fin: por esto no tiene socios ni miembros y existen en cuanto persista ese fin.

Por lo general, junto con su patrimonio, que es necesario administrar con criterios empresariales, la fundación busca captar fondos privados para sus fines, que se suelen centrar en temas como los de justicia social, proyectos de larga duración en el tiempo y en acciones arriesgadas que serían imposibles en el ámbito del sector público, o aquello que la administración no consigue realizar.

Una fundación es una organización que, por voluntad de sus creadores, tiene afectado un patrimonio a la realización de fines de interés general y sus beneficiarios son, según sus fines, colectivos genéricos de personas.

Por ejemplo, nos encontramos con fundaciones que constituyen unos padres de niños con enfermedades raras luchando contra el tiempo para que se investiguen soluciones, vacunas… Necesitan recaudar fondos para pagar a los investigadores pues el Estado habitualmente no se “ocupa” de esto. También es el caso de grandes empresas que buscan así concretar su desarrollo social, además de un buen marketing. O es el caso del empresario que quiere mantener un patrimonio unido ante el posible reparto o venta de los herederos, y así fondos culturales, inmuebles, o una empresa. O quienes recaudan fondos para organizar un evento, un congreso anual… O quienes deciden ayudar en el tercer mundo con voluntarios, con medios e instalaciones… Todos estos casos tienen en la fundación su mejor traje jurídico pues podrán buscar fondos con ventajas fiscales para los donantes y con la exención de impuestos a sus rentas.

El origen de las fundaciones es muy antiguo y casi infinitas sus variedades. Donde hay más libertad, hay más liberalidad y más facilidad para su constitución y actividades. Así en el ámbito anglosajón el campo de las fundaciones supone un volumen muy alto de actividad económica.

En España las fundaciones se regulan por la Constitución, el código civil y por la Ley 50/2002 de Fundaciones, para las de ámbito estatal y en las Comunidades Autónomas que no tengan ley propia. No obstante, esta ley contiene artículos básicos que son, en principio, de aplicación general a todas las fundaciones. Coexisten otras normas de carácter autonómico en Andalucía, Castilla y León, La Rioja, Madrid y Comunidad Valenciana. Algunas comunidades legislaron antes de la norma nacional de 1994: Cataluña, Galicia, Canarias y País Vasco. Y se legisló sin contestación ante el tribunal constitucional, por tanto, derecho vigente en su respectivo territorio. Y por último, caso aparte sería Navarra pues legisla sobre fundaciones en 1973 antes por tanto que la propia constitución española, y con competencia total para desarrollar y modificar sus normas propias.

Otra norma básica es la Ley 49/2002 sobre régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de incentivos fiscales al mecenazgo, que tiene como objetivo encauzar los esfuerzos de los ciudadanos hacia la realización de actividades de interés general. Para esto establece un régimen favorable fiscalmente, tanto en Impuestos Estatales como locales.

¿Qué requisitos deben reunir las Fundaciones?
– Orientar su actividad a la realización de fines de interés general, como se desarrolla más adelante.
– Aplicar a sus fines el 70% de las rentas netas e ingresos de las explotaciones económicas, de las transmisiones de bienes y de los ingresos netos de actividades.
– Que el importe de las actividades económicas ajenas no exceda del 40% de los ingresos totales.
– Que las actividades no se destinen a la cobertura de necesidades propias.
– Que los cargos de gobierno sean gratuitos.

¿Cuáles son estos fines de interés general?
Los que superan al individual, y que podemos ver en el Artículo 3,1 de la Ley 49/2002 : “los de defensa de los derechos humanos, de las víctimas del terrorismo y actos violentos, los de asistencia social e inclusión social, cívicos, educativos, culturales, científicos, deportivos, sanitarios, laborales, de fortalecimiento institucional, de cooperación para el desarrollo, de promoción del voluntariado, de promoción de la acción social, defensa del medio ambiente, de promoción y atención a las personas en riesgo de exclusión por razones físicas, económicas o culturales, de promoción de los valores constitucionales y defensa de los principios democráticos, de fomento de la tolerancia, de fomento de la economía social, de desarrollo de la sociedad de la información, de investigación científica, desarrollo o innovación tecnológica y de transferencia de la misma hacia el tejido productivo como elemento impulsor de la productividad y competitividad empresarial.

También es importante resaltar que el Parlamento Europeo, en su Resolución sobre las fundaciones en Europa (R.A. 304/93) señala que merecen apoyo especial las fundaciones que participen en la creación y desarrollo de respuestas e iniciativas, adaptadas a las necesidades sociológicas de la sociedad contemporánea. Particularmente, las que luchan por la defensa de la democracia, el fomento de la solidaridad, el bienestar de los ciudadanos, la profundización de los derechos humanos, la defensa del medio ambiente, la financiación de la cultura, las ciencias y prácticas médicas y la investigación.

La Fundación, además:
– Es la herramienta más útil para captar fondos públicos y privados.
– Es la figura con más continuidad de futuro. Aporta mayor solidez y consolidación al proyecto.
– Es muy ágil y flexible.
– Está más vinculada a la sociedad a la que aporta un mayor servicio por los beneficios fiscales de los que goza.
– Es una entidad menos agresiva que una sociedad mercantil por el carácter social de los fines.
– Tiene más prestigio, más credibilidad.