Las grandes fortunas y grupos empresariales siempre han utilizado figuras jurídicas como las fundaciones para destinar parte de sus beneficios a fines de interés social. Es bien conocida la labor de apoyo a las artes, la educación o la investigación científica durante los años de bonanza económica, y todos tenemos en mente a grandes fundaciones filántropos que han velado por la estabilidad de compañías teatrales, grandes orquestas sinfónicas o academias de arte.

Con la llegada del siglo XXI y la aparición de grandes fortunas asociadas al sector tecnológico, se produce un cambio en el destino de las donaciones: se potencia la ayuda a iniciativas concretas de interés social, como la cura de enfermedades y epidemias, la potabilización de agua de zonas en desarrollo o el acceso a la educación de millones de niños en los países más desfavorecidos.

Las grandes fortunas y grupos empresariales siempre han utilizado figuras jurídicas como las fundaciones para destinar parte de sus beneficios a fines de interés social.

Estas grandes empresas tecnológicas, y muchas más que han seguido su ejemplo, han introducido el concepto de RSC -Responsabilidad Social Corporativa- en sus planes estratégicos. La RSC propone un modelo de dirección para la mejora social y contribución activa en el entorno de la propia empresa y en el medio ambiente que la rodea. Es una dirección responsable que destina actividad y recursos que devuelven a la sociedad parte de lo que la empresa recoge de ella para su actividad, tanto en capital humano como en recursos naturales.

Como vemos, el foco de actuación solidaria ha cambiado para estás corporaciones, desplazándose primero de la cultura a lo social, y después de lo social a lo individual, sobre todo tras la crisis de 2007 que ha acercado a millones de europeos cerca del umbral de la pobreza.

La RSC es una dirección responsable que destina actividad y recursos que devuelven a la sociedad parte de lo que la empresa recoge de ella para su actividad.

Por eso los proyectos filantrópicos se han acercado a las necesidades ciudadanas, creando planes contra la desnutrición infantil, apoyando la educación primaria o facilitando el acceso a la asistencia sanitaria a quienes hasta ahora la tenían más o menos garantizada por nuestros estados.

Muchos ponen en duda las intenciones o el valor real de la RSC pero lo cierto es que, independientemente de las razones que se tengan para implementarla, las empresas que la incluyen en sus directrices generales realizan una labor de interés social cada día más útil y necesaria.

Desde Abogado de Fundaciones acompañamos a empresas e iniciativas de interés social a constituir su actividad en fundación. Si crees que puedes necesitar nuestra ayuda, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.