Cada día me sorprende más el circo mediático en el que parece ser que vivimos. Titulares de prensa (por no hablar de TV) que escriben de la fundación Noos, cuando son dos “Noos”: una asociación por un lado y una sociedad limitada por otro.

Titulares de prensa que exigen que sus actividades tenían que ser “sin ánimo de lucro”, cuando no lo podía ser la sociedad limitada y cuando en el caso de la asociación dependería de sus estatutos, de su régimen fiscal y de su normativa.

Es decir, ni estamos ante una fundación ni está claro que tuviera que ser consustancial a la actividad del yerno del Rey el “sin ánimo de lucro”, como si los que viven cerca de la casa Real tuvieran que dedicarse a la beneficencia y a practicar la caridad. Y no entro en si hay delitos de otro tipo, ni en la utilidad que niego a la casa real.

Lo que no me parece correcto es que se siga confundiendo el concepto del ánimo de lucro. Curiosamente tampoco lo parece tener claro la defensa de Urdangarín, pues en su recurso tampoco lo aclara (lo publica el Mundo, http://estaticos.elmundo.es/documentos/2013/02/06/recurso_urdangarin.pdf).

No hace mucho escribía en esta web sobre el sin ánimo de lucro y el interés general en las fundaciones pues mientras en el caso del interés general se ve como exigencia constitucional, la ausencia del ánimo de lucro, no.

Pero ¿qué significa “sin ánimo de lucro”?

En muy pocas palabras, lo que implica es que si se da el caso de que hay beneficios, éstos no se reparten entre los patronos de una fundación, ni entre la junta directiva de una asociación. A diferencia de una sociedad limitada donde precisamente se reparten entre los partícipes de la sociedad.

Es evidente que para que una organización que busca recursos para repartir entre muchos o entre pocos, la búsqueda de beneficios es elemental pues sin ellos no pueden hacer lo que se propusieron. El desastre en estos años de tantas ONGs que van quebrando y cerrando es en mi opinión a causa de no aplicar criterios empresariales sino que dependían de las subvenciones, del partido, de las Cajas, del Estado… y así nos ha ido.

Y los que (desde Cáritas hasta al Banco de alimentos) han aplicado criterios empresariales son ahora los que de verdad pueden ayudar.